Historia milenaria sepultada en los arenales de Barrika

Las dunas de nuestro litoral son un atractivo más que nos acompañan en nuestros paseos dominicales por los acantilados. Muchos/as de vosotros/as habréis observado en varios puntos carteles de prohibido el paso. Estas dunas están protegidas para preservar su ecosistema. Lo que muchos/as desconoceréis es que de su estudio se puede extraer una extensa y prolífica biografía del entorno.

Las dunas litorales de Barrika forman parte de un conjunto de depósitos arenosos localizados entre la ría de Bilbao y la ría de Plentzia, concretamente en Arrietara, Atxibiribil, Errekalde y Barrika. Presentan una extensión muy reducida y están constituidos fundamentalmente por arenas de cuarzo de grano fino. Estos depósitos arenosos resaltan en el campo por sus tonos blancos, amarillentos y naranjas, y han sido anteriormente explotados como canteras de arenas. En Barrika, la duna de Zabaletxe alcanza los 5,5 metros, mientras que en la de Muriola ¡hasta un espesor máximo de 15 metros!

Sin embargo, la lógica práctica continuada de la agricultura, con sus diversas fases de arado y removimiento de tierras, hace imposible delimitar la naturaleza geológica y distribución de las formaciones originales; aún así, algunos estudios han podido determinar sus orígenes y las diferentes fases climáticas que fueron modelando el paisaje.

Esto es lo que les ocupó en 1984 a Cruz-Sanjulián y otros. Estudiaron el depósito de Barrika (Muriola) y llegaron a la conclusión de que estas acumulaciones representaban remanentes de antiguas dunas remontantes constituidas por arena arrastrada desde el litoral inmediato, lo que explicaría su exclusiva presencia a lo largo de la actual línea de costa. Además, estos autores consideraron que el conjunto se originó en etapas sucesivas correspondientes a variaciones climáticas, con acumulaciones arenosas en épocas de nivel del mar relativamente bajo (periodos fríos) y diversos niveles edáficos intercalados originados en condiciones de clima húmedo más cálido. En su zona superior aparece además una capa de 1,5 metros que corresponderían a condiciones climáticas más húmedas.

En ningunos de estos dos estudios se encontró microfauna cuaternaria, sin embargo, también se pueden sacar conclusiones tomando como referencia el estudio de otras dunas del entorno próximo. Este es el caso del vecino depósito de Atxibiribil (Sopela), con una fecha de 41.400 + 2500 b.p. (UGRA-293) (Muñoz et al. 1990), sugiriendo un proceso de acumulación entorno al Pleistoceno superior.

Os preguntaréis qué interés puede tener para un arqueólogo estos depósitos arenosos. En el caso que nos ocupa, estos depósitos arenosos son el contexto donde se han hallado los útiles de sílex prehistóricos. De su estudio, el arqueólogo puede conocer como era el entorno medioambienal de las comunidades prehistóricas, cómo se formó o donde se situaba la línea de mar.

Por cierto, como habréis podido comprobar este post carece de una buena imagen. Puedes colaborar con nosotros enviándonos imágenes o videos sobre las dunas de nuestro litoral a barrikarqueologia@gmail.com

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